domingo, 19 de mayo de 2013

La III Guerra Mundial.

Sus ojos deseosos de empezar. Sus manos. Sus dedos pasando como tropas en mí. Mientras su boca reclamaba a la mía la guerra. Cada vez más cerca. Cada disparo, un latido más fuerte.   'Tal vez debería rendirme' me decía a mí misma. Cerrando los ojos, y abriendo mis dedos para que encajaran con los suyos. Alargando mis brazos  a su pecho. Imposible detener el estallido. Como una ruina, cayendo poco a poco a sus pies, me apartó el pelo de la frente quemada, besándola.Como quien dispara un arma y luego la abandona. Con el orgullo del asesino que ama saberse culpable.Pero fue su sonrisa lo que le delató. Fue su respiración rápida y cortante.  Antes de que llegara la tormenta y arrasara conmigo, cayeron desplomados sus soldados. Me entregó sus armas y sus heridas murieron. Sus recuerdos no dolieron, ya que tiempos mejores venían. Deslicé mi arma por sus manos llegando a su corazón, y antes de que se diera cuenta ; ya le había vencido yo.

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