domingo, 22 de septiembre de 2013

Estoy viva.

Mis pies descalzos, mojados por la lluvia. Aún lo siento. Siento el olor que deja la tormenta entre las calles. El viento que se lleva las palabras dejándonos mudos. Aún escucho el silencio que se esconde entre la gente. Los dedos de un pianista acariciando cada tecla blanca y negra. Cuando la orilla cubre mis piernas delgadas. Aún siento tus ojos quitándome el vestido azul. Las manos que no tienen miedo de donde llegar. El atardecer escondiendo nuestros sueños. Y tú y yo cayendo al abismo. Rompiendo los muros de esta habitación que nos ahoga. Acercándote a mí, clavándome tu mirada y dándome la mano, corriendo, escapando de la multitud. Es entonces, cuando me quitas el oxígeno con cada roce. Cuando te observo con ojos extraños. Aunque de alguna manera sabía que había algo más que química. Pasando mis dedos por tu cara. Enredándolos en tu pelo. Tus manos resbalando por mi cuello. Porque nadie dijo que la vida fuera fácil, pero donde quiera que vaya, tú siempre te mantienes a mi lado. Y sé que, al final acabo hablando de ti. Porque si estoy viva, es por ti.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario