miércoles, 23 de octubre de 2013

La cura de sus besos.

Y entonces unas manos apartaron mi pelo, encontrando mi rostro pálido. Encontrando aquellos ojos, que como él decía, nunca había visto nada igual. Escondían recuerdos agridulces y miedo, mucho miedo. Las lágrimas  me impedían ver más allá. Pero escuchaba su voz. Esa voz que más veces me había tranquilizado. Que más noches me hizo dormir. Esa voz que me recordaba que no estaba sola. Y acarició mis mejillas, secando mi dolor. Unos dedos que poco a poco fueron deslizándose hasta mi  boca. Rodeando mis labios con delicadeza. Mi aliento cada vez ardía más. Acerqué mi cara a su pecho, y escuché como los latidos de su corazón aceleraban. Y sonreí entre lágrimas. Levantó mi barbilla con sus dedos, alzando mi vista a sus ojos…A su boca. Se acercó a mi cuello, y después a mi oído. Sonrió al ver que no me negaba, y me besó. Muy despacio. Me mordí los labios, y volvió a sonreírme. Y entonces enredé mis dedos en su pelo, cerré los ojos y acerqué mis labios a los suyos, pidiendo más. 
No sabia exactamente cuanto tiempo había pasado, pero ahí afuera, en la ciudad, seguía lloviendo y sus besos habían absorbido todo mi tiempo.  


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