miércoles, 13 de noviembre de 2013

Cerramos los ojos, y empezamos a perdernos.

Tenía que hacerlo una vez más. Llegué rendida, y dejé caer todo mi cuerpo sobre aquella cama, donde sus manos siempre esperaban enredarse con las mías. Me quedé observando el techo, y lancé un suspiro. Noté como su boca se acercó a mi oído, - ¿Estás preparada?- susurró. Le miré. Observe de nuevo sus ojos, sus pupilas ansiosas por empezar de nuevo, por volver a cerrar los ojos y sumergirnos en nuestras mentes. Nuestros sueños...Tan cerca, pero a la vez tan lejos. A nadie le gusta dormir solo, pero nadie espera soñar acompañado. 
Dejó marcado un beso en mi frente, y cerramos los ojos. Se nos durmió la piel y se nos despertaron los sueños. A veces dejábamos pisadas en el cielo, otras veces, simplemente nos perdíamos. Pero el tiempo pasaba. De las olas del mar mojando nuestra ropa, a las hojas de bronce  escondiendo nuestros pies. Cada vez que nos dábamos la mano, perdíamos la cordura.Llegamos al límite de la locura, solo porque no podíamos vivir sin soñar despiertos. Nos volvimos locos, solo porque acabamos enamorados. 
Y si no nos tocábamos, nos echábamos de menos. Era una rutina, pero una rutina que no quería perder, que no queríamos perder. Abrí los ojos, y allí estaba. Al otro lado de la cama, como siempre, sonriéndome. 

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